Wednesday, May 4, 2011

¡VISÇA JUNIOR!

Las calles de Barcelona se engalanan con catalanes vestidos con camisetas rayadas de rojo y blanco, no se trata de la casaca del Atlético de Madrid, ni de Estudiantes de la Plata, mucho menos de las Chivas de Guadalajara, se trata del Atlético Júnior de Barranquilla. La duda no asalta a los despistados, porque perfectamente visible en el pecho de los hinchas culé-quilleros se advierte una muñeca de colosal cabeza con el pulgar levantado.

Los bares de Catalunya se preparan con un sobre inventario de cerveza, mayormente de Águila, y Águila Light para quienes no toman cerveza. Si a algún ‘traidor’ se le ve vestido con la camiseta de los Jaguares de Chiapas se le mira con desprecio, se le rechaza socialmente, peor aún si es la ‘10’ de Jackson Martínez. Empiezan a rodar las apuestas, mayormente a favor del cuadro currambero, el que ponga 10 euros por Junior recibiría 15, el que ponga 10 euros por Jaguares recibiría 30.

En perfecto catalán los hinchas culés-tiburones sugieren que la cantante Rosario inicie un romance con el zaguero cartagenero Harold Macías. La camiseta más repetida es la del vallecaucano Giovanni Hernández, a quien los catalanes consideran uno de sus grandes ídolos. En las calles se ven guindadas de poste a poste por vendedores de andén las camisetas de Carlos Bacca, César Fawcett y sorpresivamente la de Brayner García, a quien apodan el “Busquets” criollo; por el biotipo, claro está.

Arranca el partido en el majestuoso Metropolitano Roberto Meléndez de Barranquilla, mítico escenario en el que todo catalán sueña con algún día estar apoyando al equipo de sus amores. De repente Giovanni Hernández lanza un pase profundo para Carlos Bacca, entra en velocidad por izquierda de afuera hacia adentro cuando un defensor mexicano lo derriba cerca al área. La gente se enardece en los bares de Catalunya, y aseguran que la falta fue dentro del área. Se prepara Giovanni Hernández para ejecutar con derecha, remata sobre la barrera y el guardameta mexicano la desvía al córner.

El partido transcurre lentamente, los mexicanos se defienden, el cuadro tiburón, representante de Barranquilla en el torneo continental más importante de América, ataca desordenadamente y no logra la anotación que le asegure el paso a los cuartos de final. El tiempo se agota.

Los hinchas culé-quilleros empiezan a insultar a Quintabani, le dicen “burro”, y adjuntan adjetivos que en su lengua no son suficientemente claros. El sufrimiento es evidente. A varios se les ve comiéndose las uñas. Algunos consagrados hinchas aprovechan para controvertir sobre momentos históricos del cuadro barranquillero, alguno cuenta sobre el paso del seudónimo ‘miuras’ a ‘tiburones’, otro reflexiona sobre la época dorada en la que no fue posible avanzar de primera ronda en la Libertadores. Un hincha cuenta en catalán episodios de la Libertadores del ‘94, al tiempo que enseña la espalda de su camiseta, con el número ‘13’ y debajo el apellido ‘Grau’.

El Periódico de Catalunya, La Vanguardia y ADN Barcelona actualizan minuto a minuto lo acontecido en el cotejo realizado en Colombia a través de sus cuentas de Twitter. El HT JuniorVsJaguares se convierte en Trending Topic en toda la península ibérica, principalmente en Catalunya, por supuesto. Periodistas especializados discuten en las diferentes emisoras, en algunos casos en español, en otros en Catalán. Norberto Peluffo y Juan José Peláez participan de dos programas radiales que pujan por el mayor raiting.

Sobre el final del partido el técnico Óscar Héctor Quintabani decide sacar a Giovanni Hernández para la ovación, e incluir al barranquillero José ‘Ringo’ Amaya. Se levanta Catalunya entera para ovacionar al crack colombiano al tiempo que corean el apodo del jugador que luego de una mala temporada salta al terreno de juego para mantener el marcador que clasifica a los tiburones: “¡Riiiiingooo! ¡Riiiiingooo! ¡Riiiiingooo!...”.

El partido termina a cero goles, el Junior clasifica a cuartos de final, los catalanes se abrazan, a algunos se les salen las lágrimas, otros se quitan la camiseta y la agitan mientras saltan desaforados. Empiezan a mandar cadenas por Black Berry burlándose de los eliminados Jaguares y desafiándolos a seguir intentándolo. Rápidamente cambian su foto de perfil por una del escudo de Junior, de ellos mismos con la casaca juniorista, o incluso ponen una fotografía del otrora ídolo samario Carlos ‘El Pibe’ Valderrama.

En medio del desorden gritan en coro con las jarras de cerveza levantadas: ¡Visça Junior¡ ¡Visça Junior¡ ¡Visça Junior!

Juan Pablo Díaz R.
Twitter: @JuanPDíazR

Tuesday, February 1, 2011

MI ABUELA (3ª Parte)

Ella siempre cierra su ventana antes de dormir, pues teme que algún ladrón entre por allí en medio de la noche; ella vive en un décimo piso. A las 11 de la noche va por la pastilla para la tiroides, la toma y luego llena la jarra con agua hervida que mantiene en una olla grande. Su nevera poco enfría, y el agua siempre está tibia, la mantequilla nunca se endurece, ni tampoco el pan que allí guarda. Está a dieta, entonces suspendió los pedidos de cincuenta dulces que a menudo le hacía al tendero. El sábado va a misa ineludiblemente. El domingo se enfada ante algún error táctico de Julio Avelino que le haya costado a su equipo una derrota.

Abrimos una caja de arroz chino y una de pollo con ajonjolí. Me deja tres cuartas partes del pollo. Me asegura que no puede comer más de lo que se sirvió. Dejo intencionalmente un cuarto del pollo que ella descubre cuando vuelve a la cocina. Me pregunta por qué no me lo serví y le aseguro que estoy lleno. A los pocos minutos descubro la caja vacía en el tanque de la basura. Y es que eso fue lo más valioso que de niño le aprendí, que es fácil dar lo que sobra, ó lo que poca falta hace, pero difícil es dar lo que hace falta, ó peor aún, lo que uno no tiene. Y ella me dio incluso lo que no tenía, y ni siquiera se dio cuenta. Tantos en algún momento no dieron un poco de lo mucho que les sobraba que no me cabe duda de que ella es distinta.

Ya son las 12am, cayó dormida, olvidó la pastilla para la tiroides, pero no me atrevo a despertarla. Apago su viejo equipo de sonido que sólo captura la frecuencia AM y se suspenden las prédicas y cantos cristianos. Cierro la ventana para evitar que su hombre araña imaginario por allí entre en medio de la noche. Halo con cuidado la sábana que guarda bajo su almohada, la cinta roja hacia arriba, la dejo caer sobre ella y me despido. Voy a la cocina y lleno la jarra vacía que olvidó. La volveré a ver despierta en la mañana.

JPDR (Barranquilla, 2009)

Friday, January 14, 2011

UN DÍA EN BOGOTÁ

Tres alarmas suenan con una diferencia de cinco minutos entre ellas, cada una ubicada lejos de la otra. Empieza el relato de los periodistas de la W a las 6:00 am, a través del encendido automático del radio. Me levanto y lleno 3 botellas de 600 cc que me tomo una detrás de otra. Tengo agua caliente, y tengo desodorante. Granola con uvas pasas, mango, papaya, guineo, melón, fresas y manzanas verdes y rojas, con leche se convierten en mi primera ingesta calórica. Un guiso de cebolla larga y cabezona, con pimentón y tomates frescos, se mezclan en el sartén con cuatro huevos. Pan integral, chocolate caliente y agua de panela completan mi desayuno. Salgo a la calle y camino hacia la Cra 13. En el camino me encuentro con varios que aún no despiertan, y que con cobijas hechas de plástico, cartón ó esponja arropan sus sueños. Mientras espero de pié en alguna esquina me empiezo a sentir un poco mareado por el incontenible flujo de gases tóxicos, producto de la combustión de docenas de buses que se dirigen al sur. Finalmente me subo a un colectivo verde que dice “BOITA”.

Me bajo en el Carrefour de la 30, empiezo a atravesar el puente peatonal. Me cruzo con una persona en muletas que procura la hazaña de llegar al otro lado a paso muy lento; una indígena descalza, con dos niñas indígenas también descalzas, esperando alguna limosna de quien pase por allí; un tipo con un brazo deforme, que lo enseña en alto mientras pide una “ayudita”. Llego al final del puente, hay alguien ofreciéndome fotos para mi pasado judicial; un vendedor de cada operador celular ofreciéndome el mejor chip. Sigo mi camino, me cruzo con una mujer que vende un maní dulce que ella misma produce en medio de la acera. Pasa alguien muy rápido cabalgando su “cicla” a través de la ciclo ruta, siento que me roza el codo. Intento atravesar una calle, pero tres carros con desvergüenza se me vienen encima sin haber indicado el cruce con los direccionales; pasan y cruzo.

Llego a mi lugar de trabajo. Ese hollín que habita el aire bogotano con aparentes cualidades sobrenaturales ha penetrado en todo lugar. Tengo que limpiar el lugar y escurrir a ese “ser maligno”. Me siento y enciendo el computador. El tiempo se pasa muy rápido hasta el final del día. Tomo el bus de regreso. A las pocas cuadras se sube una persona que asegura ser desplazado por la violencia y que solicita ayuda. No muchos le comen el cuento. Más adelante se sube un vendedor de minutos y de candelillas de incienso; con singular simpatía y sin vender lástima logra que todos le compremos la candelilla.

Salgo a correr ignorando si le hago bien a mi cuerpo por la actividad física o si por el contrario el aire denso que respiro me terminará matando. Luego de la ducha de las noches debo arreglar el lugar donde paso la mayor parte de mi vida, la cocina. Sin música de fondo la tarea se haría larga; coloco "Historias". Ya han pasado las 12 y 30, me arrojo panza arriba, intentando dormir con los ojos bien abiertos. Viro suplicando a Morfeo compasión, y a esperar el otro día…

JPDR (Bogotá, Oct 2008)

Wednesday, January 5, 2011

UN DÍA EN NUEVA YORK

El día arranca en Norbergen, a 25 minutos de Manhattan. El bus de “los peruanos” pasa y me recoge. Llego y camino un par de cuadras hacia el Port Authority. Me echo sobre una columna y me quedo por un rato viendo la vida pasar. Todos corren, hacia un lado ó hacia el otro. Se acerca a mí una mujer rubia y me dice – Will you laugh at me? – No respondo nada, al tiempo que la miro fijamente al rostro. Entonces me viene con el cuento de que le hacen falta unos dólares para completar el pasaje del Greyhound. – The last time you came up with the same thing I told you to go to the Salvation Army – Le dije. Entonces, enrojecida, da media vuelta y se va. Es la tercera vez que se acerca a mí con la misma historia triste, pero creo que esta vez fue la última.

La camiseta del Júnior se pasea muy oronda por las calles de Manhattan. Llego hasta la Biblioteca de la Quinta Avenida. Ya he encontrado un cable para el portátil. La respectiva búsqueda en “Craigslist” de un milagro que me permita seguir vivo. Pasan algunas horas, he enviado al menos 20 correos, ninguna respuesta. Se me agota el tiempo y debo irme.

De tantas veces que me he visto obligado a ir a McDonald’s creo que me ha poseído un ser maligno, mefistofélico y luciferino con el perfil de un payaso. Bajo a la estación del Subway y tomo la línea 7. Un tipo joven, desarreglado, oloroso y despelucado saca una guitarra y se coloca una dulzaina en el cuello sujetada con un particular soporte de hombre orquesta; empieza a tocar con maestría y canta con voz clara y afinada. Todo un artista, perdido en las calles, seguramente arruinado por la droga. En las pausas aprovecha para soplar a través de la dulzaina sin suspender el show que a través de cuerdas llevan sus dedos.

Llego hasta Queens. Recojo una maleta y llevo la ropa sucia al “Coin Laundry” más cercano. Mucho más caro que el de Chicago. Con dificultad logro hacer que el chino entienda que quiero que drene la salsa de mi “sesame chicken”.

Regreso a Manhattan. A través del túnel alguien me asegura que “Dios es mi Salvador”, si le doy dinero, si no, supongo que me tendré que salvar a mí mismo. Observo una mujer tocando con un instrumento extraño una melodía parecida, ó tal vez la misma de la canción “Maldita Primavera” de Yuri.

Desde la misma esquina espero a los peruanos. Hago la fila y entro casi de último. Abro la galleta de la fortuna, dice: “you will go as far as you want as long as you know where you are heading to”… Otro día que se me va, y nada pasa.

JPDR (New York, 2008)

Thursday, December 30, 2010

LOST

My name is Juan. My middle name is Pablo. I was born in Barranquilla, place that I love deeply. Five feet and seven inches separate me from the ground while one hundred and sixty pounds keep me attached to it. My eyes are somewhere in between hazel and green. I’ve got a few freckles.

I never shave, use a groomer instead. I’ve got some cow’s feet that make me feel old. I once had braces. I’ve never worn glasses. I never wear white underwear. I only buy black shoes. I only use black wallets. I’ve used the same perfume since 1994. I sing when I’m alone. I sing whenever I feel like I want to sing. I have five scars on my face, but people rarely notice any of them. I’ve never stolen anything from a store, I’ve never kept anyone’s change, I never pulled money out of my dad’s wallet. I have seeped at the train station.

I’ve had a tear in my right thigh since 1993 that affects my foothold. I’ve had a broken ligament in my right elbow since 2004. I love roller coasters. I love the sea. I love a soccer field. I love Minnesota.

I’ve been to 22 different departments (states) in Colombia, out of 31, and the more I travel the more beautiful I find the country I was born in; I’ve visited three different borders (Brazil, Ecuador, Venezuela). I’ve been to Panama. I have been to 19 different states in the US. I have been to 7 cities in Canada. I’ve never been to Europe, or any other continent. Vancouver is probably the most awesome city I have ever visited.

As a child I admired Superman, Spiderman and Mike Tyson. I practiced Taekwondo from 1986 to 1988. In 1990 I earned the most important prize I’ve ever achieved; I even was on the newspaper. It’s a pity after 18 years I still haven’t beaten my own personal record. I’ve always been a procrastinator, but somehow I manage to finish the assignment on time.

I’ve learned not to judge people. I’ve learned to stand against people’s judgments. I’ve lost games. I’ve lost money. I’ve lost friends. I’ve never lost my dreams; I have a lust to achieve them. I’ve learned how to be patient. I’ve learned how to manage people’s impatience. I’ve experienced the feeling of loss, grief, sorrow and desperation. I’ve had glimpses of joy, success, euphoria and inner stillness. When the sky is heavily overcast I still know the sun is on the other side; I don’t know if that’s good or bad.

I’ve learned to stay away from some people. I’ve had to stay away from some people I didn’t want to be away from. I wrote a book in 1997. I had my biggest loss in 2000. I had my moment of glory in 2001. I had my toughest moment in life in 2007, and I’m still living it.

I’m a risky person. I’m an adventurous person. I’m a brave person. Some people think I’m evil minded, I still don’t know why. I’ve never had a cigarette. I’ve never done drugs. I love the taste of whiskey. I remember what happened in 1983 better than I can remember what happened last week. Soccer is my biggest passion. I’m a huge fan of the soccer team of my hometown (Junior de Barranquilla). My biggest idol is for sure Ivan Valenciano.

I consider myself a very lucky person. I rarely go to church. I receive communion every time I go to church. 90% of the times I pray I receive whatever I’m praying for. I’ve had the chance to meet outstanding people. As an adult I have never been able to meet people as the ones I met as a child or as a youngster. I like talking about politics. I like talking about economics. I like talking about soccer. I like to tell my story. I enjoy listening to somebody else’s story. I’m an engineer. I would have liked to be a doctor without giving up the chance of being an Engineer. I had the chance to go to the Medicine School for one year when I already was an Engineer; I loved it.

I’m pro-love in all of its ways. I reject marriage in all of its ways, as I think it restricts the freedom of real love. I like to hold and lull babies, although I think I’ll never have any of my own. I think demagoguery is an art that should be learned and responsibly used. I eat healthy most of the time. I spend a lot of time in the kitchen. I can’t live without a blender. I won’t let myself have a pot belly, if that makes me a vain then I am.

All of these sentences didn’t follow any specific order, but all of them are true, a bit of who I am. Many things are missing, but I don’t want to make it longer as a courtesy to those who are reading (I’m sure you guys are not many). “The greatest men are those who try to reach impossible goals” (that was my motto eleven years ago, and it still is). Goog luck only hits those who deserve it, I wish you the best of luck.

JPDR

(written in New York City, Aug 2008)

Friday, December 10, 2010

UN DÍA EN CHICAGO

Empaco dos barras de granola, un sándwich de jamón y queso provolone, dos guineos, y una botella de agua. Corro a la Western para capturar el bus 49 y transferirme a línea naranja. Entro a la estación del tren, pasa, me subo y viajo hasta “Clark and Lake”. En los buses urbanos soy generalmente el único blanco de la camada de pasajeros, en el tren ya no luzco tan diferente.

Caminando llego al punto cero de la ciudad, Madison y State. De vez en cuando pasa una ventisca que me recuerda el frío inclemente y desgarrador que hubo hace un par de meses, ahora el clima es tolerable. Me cruzo con una chica que con una planilla y un catálogo me detiene y me empieza a explicar cómo hacerme miembro de una fundación que apoya a niños de escasos recursos en Sur América; me enseña fotos y me dice lo que debo hacer para salvar a un niño.

– I really wish I could save any of those kids, but right now I’m working on saving myself – Le dije.
– It’s really easy, this is as much as you need to donate for the cause – Insiste.
– Look I’ve seen these kids, I come from South America, but there is really nothing I can do for them right now – Replico.
– Do you really come from South America?- Me pregunta.
– Yes, you can tell by my accent when I say words like “equilibrist, equilibrium or ambiguous”.
– Are you trying to laugh at me?
– No, I’m a real “baRRanquillero”, from Colombia, believe me. I need to get going now.
– Hey… My name is Gil.
– Mine is Juan. I’ll see you later Gil.

Sigo caminando por el Downtown procurando encontrar algún letrero que anuncie una vacante. El tiempo se agota, he pasado por la biblioteca, por la Torre Sears, por el Lake Shore, por todos lados. Tomo la línea azul hacia el norte. Me detengo en la estación de la Irvin Park. Me quedo estático por unos segundos recordando las veces que esperando el tren soporté aquella brisa helada que me penetraba hasta los huesos, pero nunca caí enfermo. Quise estar allí otra vez, quizá la última, no lo sé. Pienso en “Chouf”, y me pregunto si se acordará de mí.

Regreso a la “Division”. Tomo el bus y me bajo en la Ashland y la Webster. Camino hacia el Bally’s. Ya Matt ha llegado.

- Hey Matt I don’t know what happens, but every time a reply to a post on CL, or to a person who has replied to any of mines they no longer write back.
- That’s maybe because of your name Juan, they think you are Mexican, many people reject Mexicans in this land, make sure you let them know you are Colombian, or just use an account where you don’t let them know your name.

Llegamos a la banca plana y le cargamos cada uno una torta de 45 libras.

- Hey, I was using that – Dice un tipo al que ya tuve unas semanas atrás la desdicha de conocer.
- No, you were not, I just saw you coming from the dumbells section.
- Ok, let’s make a deal, whoever lifts the heaviest weight gets the bench.
- That’s fine, but why don’t we bet a few bucks in addition to that.
- I’ll bet ya 5 bucks.
- Make it 10. – Le dije.

Entonces el sujeto carga una nueva torta de 45 a lado y lado, se acuesta sobre la banca y completa cinco repeticiones.

- You think you can beat that, I’m obviously much heavier and stronger than you are, I’m 180 pounds, what are you? 155?
- I’m actually 162 pounds, but I’ll still beat you.
- Ok, if you do the same five you win, how’s that?
- I’ll do more than five, with no spotter, and bringing it all the way down to the chest, which you didn’t exactly do by the way.

No me preocupaba mucho la banca, sólo que este tipo era realmente insoportable. Sólo tenía 10 dólares en el bolsillo, pero tenía dos dólares en la tarjeta del bus, por lo que si perdía al menos podría regresar a casa, aunque me quedaría sin nada, pero si ganaba tendría 20 dólares, con lo que en el Aldi’s podría comprar dos bolsas cargadas de frutas y verduras.

Me arrojo a la banca. El tipo hace comentarios idiotas mientras Matt me mira con incredulidad. Retiro la barra de los soportes. - One, Two, Three…

- All right dude, that was seven, so you not only must leave but you owe me 10 bucks.

El tipo me paga y se retira. Terminamos la jornada. Matt me deja en la estación de la Division. Tomo el bus sobre la Ashland hasta el Garfield Boulevard. Hago “transfer” hasta la Western con 55 sur. Son las 11pm. Camino de regreso.

- Mañana Aldi’s, primer destino…

JPDR (Chicago, 2008)

A DAY IN TORONTO

I’m back in Toronto. This is the first place I visited when I first got to Canada, with only US$6.00 in my pockets. That day I was very lucky, my Guardian Angel once again saved me, but that’s part of a different story.

It’s very early in the morning. I get off the Couch Canada bus and walk to the community house where they feed the homeless. Well, that’s exactly what I am right now, and I actually feel no shame about it. I wait in line. I finally make it to the counter; there is milk, coffee, cereal, whole wheat bread, eggs and some kind of a weird sausage. The sausage is dripping oil, but I’m not sure if later I’ll regret not to have eaten it. I eat it.

I’m now 10 pounds lighter than I was when I first got here. After all the French, English sounds beautiful to my ears. I’m actually excited chatting with a few homeless drug addicts who I just met in the dining room. Nice people. They speak English, which makes them very nice.

I walk to the library, it’s just a few blocks away. I get on Craigslist hoping I will find something this time. I spend my turn and ask for new one. Fortunately the person in charge is not the same one who gave me the first guest pass. I get a new one very easily. The second turn is over. There is now some sort of a class and no more turns are released.

I go to the lower floor and start reading about several topics: sports, nutrition, Greek philosophy, first aid techniques, tribes of Mexico, history of Canada, Easy French, professional fishing, the holocaust, etc. I get hungry, by reading all this stuff I spent all of the calories I had consumed at my morning breakfast. I go to another community house. At this one, through a window they give me a ham sandwich in two slices of whole wheat bread and ketchup, and a bottle of water. I only eat half of the sandwich, as I need to “split” my caloric intake so it lasts longer in my stomach.

I go back to the library. I get a new guest pass. I cross my fingers and open my mail hoping there is a response. There are several, I start replying. My turn is over, I had not enough time again. I get nothing. I wasn’t very lucky this time. Well, that happens.

I have a few “calling quarters”; now I know how valuable they are. I insert a couple of quarters. There’s good news on the other side. I look up and thank.

JPDR (Toronto, 2008)