I’m back in Toronto. This is the first place I visited when I first got to Canada, with only US$6.00 in my pockets. That day I was very lucky, my Guardian Angel once again saved me, but that’s part of a different story.
It’s very early in the morning. I get off the Couch Canada bus and walk to the community house where they feed the homeless. Well, that’s exactly what I am right now, and I actually feel no shame about it. I wait in line. I finally make it to the counter; there is milk, coffee, cereal, whole wheat bread, eggs and some kind of a weird sausage. The sausage is dripping oil, but I’m not sure if later I’ll regret not to have eaten it. I eat it.
I’m now 10 pounds lighter than I was when I first got here. After all the French, English sounds beautiful to my ears. I’m actually excited chatting with a few homeless drug addicts who I just met in the dining room. Nice people. They speak English, which makes them very nice.
I walk to the library, it’s just a few blocks away. I get on Craigslist hoping I will find something this time. I spend my turn and ask for new one. Fortunately the person in charge is not the same one who gave me the first guest pass. I get a new one very easily. The second turn is over. There is now some sort of a class and no more turns are released.
I go to the lower floor and start reading about several topics: sports, nutrition, Greek philosophy, first aid techniques, tribes of Mexico, history of Canada, Easy French, professional fishing, the holocaust, etc. I get hungry, by reading all this stuff I spent all of the calories I had consumed at my morning breakfast. I go to another community house. At this one, through a window they give me a ham sandwich in two slices of whole wheat bread and ketchup, and a bottle of water. I only eat half of the sandwich, as I need to “split” my caloric intake so it lasts longer in my stomach.
I go back to the library. I get a new guest pass. I cross my fingers and open my mail hoping there is a response. There are several, I start replying. My turn is over, I had not enough time again. I get nothing. I wasn’t very lucky this time. Well, that happens.
I have a few “calling quarters”; now I know how valuable they are. I insert a couple of quarters. There’s good news on the other side. I look up and thank.
JPDR (Toronto, 2008)
Friday, December 10, 2010
UN DÍA EN TORONTO
De vuelta en Toronto. Éste fue el primer lugar que visité al llegar al Canadá, con sólo US$6.00 en mis bolsillos. Aquel día tuve suerte, mi Ángel de la Guarda me volvió a salvar, pero eso es parte de otra historia.
Es muy temprano. Me bajo del bus de Couch Canada y camino hasta el hogar comunitario donde dan de comer a los indigentes. Bueno, en eso terminé por convertirme transitoriamente, y en realidad poco me importa. Hago la fila. Finalmente llego al frente; leche, café, cereal, pan integral, huevos cocidos y una extraña clase de salchicha. La salchicha gotea grasa, pero no estoy muy seguro de que luego no me arrepentiré de no haberla comido. Me la como entera.
Hoy peso 5 kilogramos menos que el día que llegué aquí. Luego de tanto francés el inglés suena como una bella melodía. Me entretengo hablando con unos cuantos indigentes medio drogos que acabo de conocer en el comedor. Me agradan. El hecho de que hablen inglés ya los hace agradables.
Camino a la biblioteca, que está tan solo a unas cuantas cuadras. Vuelvo a entrar en Craigslist esperando encontrar algo esta vez. Me gasto el turno y pido uno nuevo. Afortunadamente la persona de los turnos ha sido relevada. Obtengo uno nuevo con facilidad. El segundo turno se termina. Ahora hay alguna clase en la sala y tengo que abandonarla.
Voy al piso de abajo y empiezo a leer sobre varios temas: deportes, nutrición, filosofía griega, técnicas de primeros auxilios, tribus de México, historia de Canadá, Francés fácil, pesca profesional, el holocausto, etc. Me da hambre. Leyendo estos temas sin secuencia agoté la reserva calórica que traía desde la mañana. Me voy a otro hogar comunitario. En éste, a través de la ventana entregan un sánduche de jamón en pan integral con salsa de tomate, y una botella de agua. Me como medio sánduche, puesto que debo procurar dividir mi ingesta calórica para que dure más tiempo en mi estómago.
Regreso a la biblioteca. Obtengo un Nuevo turno. Cruzo los dedos y abro mi correo esperando alguna respuesta. Hay varias, empiezo a responder. Mi turno termina, no tuve el tiempo suficiente. No consigo nada. Me faltó suerte esta vez. Bueno, eso pasa.
Aún tengo unos cuantos quarters; ahora me doy cuenta de lo valiosos que son. Inserto dos en la ranura del teléfono. Buenas noticias esta vez. Miro hacia arriba y agradezco.
JPDR (Toronto, 2008)
Título Orginal: “A Day In Toronto”
Es muy temprano. Me bajo del bus de Couch Canada y camino hasta el hogar comunitario donde dan de comer a los indigentes. Bueno, en eso terminé por convertirme transitoriamente, y en realidad poco me importa. Hago la fila. Finalmente llego al frente; leche, café, cereal, pan integral, huevos cocidos y una extraña clase de salchicha. La salchicha gotea grasa, pero no estoy muy seguro de que luego no me arrepentiré de no haberla comido. Me la como entera.
Hoy peso 5 kilogramos menos que el día que llegué aquí. Luego de tanto francés el inglés suena como una bella melodía. Me entretengo hablando con unos cuantos indigentes medio drogos que acabo de conocer en el comedor. Me agradan. El hecho de que hablen inglés ya los hace agradables.
Camino a la biblioteca, que está tan solo a unas cuantas cuadras. Vuelvo a entrar en Craigslist esperando encontrar algo esta vez. Me gasto el turno y pido uno nuevo. Afortunadamente la persona de los turnos ha sido relevada. Obtengo uno nuevo con facilidad. El segundo turno se termina. Ahora hay alguna clase en la sala y tengo que abandonarla.
Voy al piso de abajo y empiezo a leer sobre varios temas: deportes, nutrición, filosofía griega, técnicas de primeros auxilios, tribus de México, historia de Canadá, Francés fácil, pesca profesional, el holocausto, etc. Me da hambre. Leyendo estos temas sin secuencia agoté la reserva calórica que traía desde la mañana. Me voy a otro hogar comunitario. En éste, a través de la ventana entregan un sánduche de jamón en pan integral con salsa de tomate, y una botella de agua. Me como medio sánduche, puesto que debo procurar dividir mi ingesta calórica para que dure más tiempo en mi estómago.
Regreso a la biblioteca. Obtengo un Nuevo turno. Cruzo los dedos y abro mi correo esperando alguna respuesta. Hay varias, empiezo a responder. Mi turno termina, no tuve el tiempo suficiente. No consigo nada. Me faltó suerte esta vez. Bueno, eso pasa.
Aún tengo unos cuantos quarters; ahora me doy cuenta de lo valiosos que son. Inserto dos en la ranura del teléfono. Buenas noticias esta vez. Miro hacia arriba y agradezco.
JPDR (Toronto, 2008)
Título Orginal: “A Day In Toronto”
Wednesday, December 8, 2010
MI ABUELA (2ª Parte)
Ella camina despacio mientras arrastra sus pantuflas, componiendo una melodía que adorna el silencio. Ella habla sola todo el tiempo, creo que no guarda un solo pensamiento. Ella dice dos ó tres nombres antes de atinar con el mío. Ella utiliza Vick Vaporub como la fórmula mágica para cualquier mal. Ella toma agua hervida. Ella tiene una nevera que se demora tres días en hacer hielo. Ella no puede manipular un teléfono celular. Ella no sabe qué es navegar en Internet. Dice que no va a Bogotá porque la altura le sienta mal. Ella utiliza el verbo “limalegear” para reemplazar cualquier otro que no recuerde en el momento; para ella “limalegearse” significa “arreglarse”. Le gusta mascar chicles Trident, pero nunca recuerda qué así se llaman; le dice al tendero “mándame chicles ‘Tristán’” ó pronuncia cualquier cosa parecida. A ella le gusta el béisbol, y sueña con ir a los Estados Unidos, ver un partido y regresarse, pero ni siquiera tiene pasaporte. Ella es furibunda hincha del Júnior. Ella responde a casi cualquier ‘por qué’ con un ‘porque’ seguido de la misma pregunta. Ella tiene descalibradas las revoluciones y siempre está acelerada. Ella ve el Carnaval por Telecaribe. Ella me empuja cuando la abrazo y asegura que la ahogo.
Ella reza el rosario todos los días, y descubrí hace poco que siempre reza por mí. El número de misas a las que voy en un año equivale a la sumatoria del número de bautizos, de matrimonios y de muertos. Sin embargo, pese al déficit de mi ejercicio de la fe siempre cuento con una ayuda celestial hasta ahora inexplicable; supongo que se trata de mi abuela.
JPDR (Barranquilla, 2009)
Ella reza el rosario todos los días, y descubrí hace poco que siempre reza por mí. El número de misas a las que voy en un año equivale a la sumatoria del número de bautizos, de matrimonios y de muertos. Sin embargo, pese al déficit de mi ejercicio de la fe siempre cuento con una ayuda celestial hasta ahora inexplicable; supongo que se trata de mi abuela.
JPDR (Barranquilla, 2009)
Friday, November 19, 2010
MI ABUELA
Mi madre perdió a su padre siendo una niña aún. Un infarto fulminante acabó con su vida frente a sus ojos. Mi abuela entonces quedó con la entera responsabilidad de sacar adelante a sus dos hijos. La verdad no sé cómo lo hizo, pero lo hizo. Mi abuela nunca estudió una carrera. Mi abuela era una mujer de cabellos dorados y de ojos verdes. Sólo conocí sus ojos verdes. Mi abuela ha vivido medio siglo más que yo.
Mi madre se casó muy joven, y muy joven también quedó embarazada de mí, su primer hijo. En gran medida me entregó al cuidado de mi abuela, y allí pasé la mayoría de las tardes de mi infancia. Era una casa grande, con un patio que tenía unos columpios amarillos, y árboles de guayaba, limón y dos clases de mango. En el frente había dos robles, en los que yo me trepaba casi a diario. Mi abuela me cocinaba todos los días, y me servía en un plato verde y mi vaso era uno de aluminio que tenía una calcomanía de los Transformers.
Mi abuela nunca me llevó a un parque, nunca fue cariñosa conmigo, nunca me leyó un cuento, nunca me regaló un juguete. Sin embargo yo crecí con un amor desmesurado, incalculable, colosal, e ingente hacia ella. Ella para mí, desde mi concepto de infante, representaba todo lo bueno que podía existir en alguien. Ella encerraba toda la ternura, la bondad y la sencillez que había conocido.
¿Por qué tendría que esperar a que mi abuela se muriera para escribir esto? Mejor lo escribo ahora que todavía está viva. Cada vez que veo a mi abuela me trasformo en el niño que fui, ella es la única que puede causar ese efecto, y temo que el día que la pierda aquél se haya entonces ido para siempre.
JPDR (Barranquilla, 2000) Twitter: @juanpdiazr
Mi madre se casó muy joven, y muy joven también quedó embarazada de mí, su primer hijo. En gran medida me entregó al cuidado de mi abuela, y allí pasé la mayoría de las tardes de mi infancia. Era una casa grande, con un patio que tenía unos columpios amarillos, y árboles de guayaba, limón y dos clases de mango. En el frente había dos robles, en los que yo me trepaba casi a diario. Mi abuela me cocinaba todos los días, y me servía en un plato verde y mi vaso era uno de aluminio que tenía una calcomanía de los Transformers.
Mi abuela nunca me llevó a un parque, nunca fue cariñosa conmigo, nunca me leyó un cuento, nunca me regaló un juguete. Sin embargo yo crecí con un amor desmesurado, incalculable, colosal, e ingente hacia ella. Ella para mí, desde mi concepto de infante, representaba todo lo bueno que podía existir en alguien. Ella encerraba toda la ternura, la bondad y la sencillez que había conocido.
¿Por qué tendría que esperar a que mi abuela se muriera para escribir esto? Mejor lo escribo ahora que todavía está viva. Cada vez que veo a mi abuela me trasformo en el niño que fui, ella es la única que puede causar ese efecto, y temo que el día que la pierda aquél se haya entonces ido para siempre.
JPDR (Barranquilla, 2000) Twitter: @juanpdiazr
POR QUÉ NO CLASIFIQUÉ AL DESAFÍO 2009
Éstas fueron algunas de mis respuestas, las que a la postre condujeron a inferir que yo no pertenecía a ninguna de las regiones que conformarían los equipos:
….
No señor, no soy afro-descendiente, no sé quién le dijo eso de los barranquilleros, en realidad esta sociedad es de ascendencia árabe, libanesa, siria, alemana y judía, entre otras culturas del mundo, más no nigeriana ó camerunés, como usted parece creerlo.
No señor, jamás practiqué la zoofilia, en realidad en Barranquilla está lejos de ser un patrón tan atroz práctica, y hasta tenemos un zoológico, que procura enseñar a los niños proteger a las distintas especies animales.
No señor, la verdad es que Barranquilla, contrario a lo que le dijo la canción, no es ciudad de acordeones, y los ritmos tropicales que nuestros artistas interpretaron fueron más bien parecidos a la Salsa del Caribe. Usted me debe estar confundiendo con algún habitante del sur de la Guajira o del norte del Cesar.
No señor, no golpeo al hablar porque nací y crecí en Barranquilla, por eso me extraña que usted procure imitarme hablando como cubano. Creo que usted me confunde con algún amigo suyo cartagenero o sabanero.
No señor, los sombreros ‘vueltiaos’ a los que se refiere no se fabrican en Barranquilla, provienen principalmente de una provincia indígena llamada Tuchín, en la sabana de Córdoba, es por ello que a veces se les ve dibujados con la leyenda “orgullo sabanero”. De nuevo usted se confunde.
No señor, no me levanto todos los días después de las diez, no sé quién le pudo haber dicho que eso hacíamos los barranquilleros, la realidad es que en Barranquilla las jornadas en colegios y universidades empiezan desde las 6:30 am, y las jornadas laborales raramente empiezan después de las 8:00 am.
Definitivamente cuando usted se refiere a esos “costeños” no se está refiriendo a mí, ni a mi gente, lamento no haberle servido para el concurso. Cuando tenga un equipo de “quilleros” o “curramberos” cuente conmigo!
….
Glosario
Costa: Aldea imaginaria ubicada en algún lugar del norte de Colombia. En ella cohabitan los miembros de una secta, cofradía ó tribu, a quienes se llama “costeños”.
Costeño: miembro de una tribu que habita algún lugar del norte de Colombia, propiamente en una aldea o caserío que tiene por nombre “La Costa”, que se identifica por ser afro-descendiente, de escasos modales y cultura, con tendencia a la zoofilia, amante del vallenato, altamente perezoso, y por ‘golpear’ al hablar.
• Dado que la aldea es imaginaria cualquier tribu que en ella habite también lo es!
….
Espere: “Curso breve de geografía y sociología del norte de Colombia” (especial para andinos).
….
JPDR (Bogotá, 2009)
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No señor, no soy afro-descendiente, no sé quién le dijo eso de los barranquilleros, en realidad esta sociedad es de ascendencia árabe, libanesa, siria, alemana y judía, entre otras culturas del mundo, más no nigeriana ó camerunés, como usted parece creerlo.
No señor, jamás practiqué la zoofilia, en realidad en Barranquilla está lejos de ser un patrón tan atroz práctica, y hasta tenemos un zoológico, que procura enseñar a los niños proteger a las distintas especies animales.
No señor, la verdad es que Barranquilla, contrario a lo que le dijo la canción, no es ciudad de acordeones, y los ritmos tropicales que nuestros artistas interpretaron fueron más bien parecidos a la Salsa del Caribe. Usted me debe estar confundiendo con algún habitante del sur de la Guajira o del norte del Cesar.
No señor, no golpeo al hablar porque nací y crecí en Barranquilla, por eso me extraña que usted procure imitarme hablando como cubano. Creo que usted me confunde con algún amigo suyo cartagenero o sabanero.
No señor, los sombreros ‘vueltiaos’ a los que se refiere no se fabrican en Barranquilla, provienen principalmente de una provincia indígena llamada Tuchín, en la sabana de Córdoba, es por ello que a veces se les ve dibujados con la leyenda “orgullo sabanero”. De nuevo usted se confunde.
No señor, no me levanto todos los días después de las diez, no sé quién le pudo haber dicho que eso hacíamos los barranquilleros, la realidad es que en Barranquilla las jornadas en colegios y universidades empiezan desde las 6:30 am, y las jornadas laborales raramente empiezan después de las 8:00 am.
Definitivamente cuando usted se refiere a esos “costeños” no se está refiriendo a mí, ni a mi gente, lamento no haberle servido para el concurso. Cuando tenga un equipo de “quilleros” o “curramberos” cuente conmigo!
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Glosario
Costa: Aldea imaginaria ubicada en algún lugar del norte de Colombia. En ella cohabitan los miembros de una secta, cofradía ó tribu, a quienes se llama “costeños”.
Costeño: miembro de una tribu que habita algún lugar del norte de Colombia, propiamente en una aldea o caserío que tiene por nombre “La Costa”, que se identifica por ser afro-descendiente, de escasos modales y cultura, con tendencia a la zoofilia, amante del vallenato, altamente perezoso, y por ‘golpear’ al hablar.
• Dado que la aldea es imaginaria cualquier tribu que en ella habite también lo es!
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Espere: “Curso breve de geografía y sociología del norte de Colombia” (especial para andinos).
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JPDR (Bogotá, 2009)
Monday, August 30, 2010
DE NUEVA YORK A BOGOTÁ
En NYC el frío es muy fuerte, unos 15 grados, una ventisca lo hace aún más insoportable. Charcos invisibles cerca a los bordillos, cualquier pedazo de piso seco podría dejar mi pie dentro de 6 pulgadas de agua helada. El M60 es una buena opción para atravesar desde Queens hasta la parte alta de Manhattan. Mi tarjeta con “unlimited rides” me permitirá transferirme a la línea azul del Subway. En Bogotá dicen que hace frío, pero la temperatura supera los 50 grados. La gente usa chaquetas y paraguas. Conatos de llovizna van y vienen. La buseta de “Boitá” me ayuda a atravesar de la Carrera 13 a la Carrera 30. Llego a la línea de Transmilenio, pero tengo que volver a pagar mi pasaje, la buseta no me entrega “transfer” alguno. Utilizo mi tarjeta de TransMilenio y me descuentan $1.600. Al intentar bajarme una avalancha de pasajeros procuran ingresar al articulado sin permitirme la salida.
Camino un par de cuadras hacia el Port Authority. Todos corren, hacia un lado ó hacia el otro. Se acerca a mí una mujer rubia y me dice – Will you laugh at me? – No respondo nada, al tiempo que la miro fijamente al rostro. Entonces me cuenta que le hacen falta unos dólares para completar el pasaje del Greyhound. – The last time you came up with the same thing I told you to go to the Salvation Army – Le dije. Entonces, enrojecida, da media vuelta y se va. Es la tercera vez que se acerca a mí con la misma historia, espero que ésa haya sido la última. Me bajo en el Carrefour de la 30, empiezo a atravesar el puente peatonal. Me cruzo con una persona en muletas que procura la hazaña de llegar al otro lado a paso muy lento; una indígena descalza, con dos niñas indígenas también descalzas, esperando alguna limosna de quien pase por allí; un tipo con un brazo deforme, que lo enseña en alto mientras pide una “ayudita”. Llego al final del puente, hay alguien ofreciéndome fotos para mi pasado judicial; un vendedor de cada operador celular ofreciéndome el mejor chip. Sigo mi camino, me cruzo con una mujer que vende un maní dulce que ella misma produce en medio de la acera. Pasa alguien muy rápido cabalgando su “cicla” a través de la ciclo-ruta, siento que me roza el codo. Intento atravesar una calle, pero tres carros con desvergüenza se me vienen encima sin haber indicado el cruce con los direccionales; pasan y cruzo.
De tantas veces que me he visto obligado a ir a McDonald’s creo que me ha poseído un ser maligno, mefistofélico y luciferino con el perfil de un payaso. Bajo a la estación del Subway y tomo la línea 7. Un tipo joven, desarreglado, oloroso y despelucado saca una guitarra y se coloca una dulzaina en el cuello sujetada con un particular soporte de hombre orquesta; empieza a tocar con maestría y canta con voz clara y afinada. Todo un artista, perdido en las calles, seguramente arruinado por la droga. En las pausas aprovecha para soplar a través de la dulzaina sin suspender el show que a través de cuerdas llevan sus dedos. Llego a mi lugar de trabajo. Ese hollín que habita el aire bogotano con aparentes cualidades sobrenaturales ha penetrado en todo lugar. Tengo que limpiar el lugar y escurrir a ese “ser maligno”. Me siento y enciendo el computador. El tiempo se pasa muy rápido hasta el final del día. Tomo el bus de regreso. A las pocas cuadras se sube una persona que asegura ser desplazado por la violencia y que solicita ayuda. No muchos le comen el cuento. Más adelante se sube un vendedor de minutos y de candelillas de incienso; con singular simpatía y sin vender lástima logra que todos le compremos la candelilla.
Llego hasta Queens. Recojo una maleta y llevo la ropa sucia al “Coin Laundry” más cercano. $1.25 ponen a andar la máquina, y por cada ‘quarter’ insertado la secadora me entrega 10 minutos de secado; con 30 será suficiente. Con dificultad logro hacer que el chino entienda que quiero que drene la salsa de mi “sesame chicken”, pero con claridad entiendo que son $4,99. Por la carga máxima de 14 libras de ropa que dejo en la lavandería más barata de Chapinero pago $18.200. Me la entregan seca pero sin doblar, ello me habría significado $1.500 adicionales. Una arepa rellena con chorizo, carne desmechada y queso mozarella mitigará mi volcánica actividad gástrica a estas horas. El billete de $10.000 no me alcanza, guardo algún menudo adicional; tocó aplazar por hoy el jugo de guanábana.
Regreso a Manhattan. A través del túnel alguien me asegura que “Dios es mi Salvador”, si le doy dinero, si no, supongo que me tendré que salvar a mí mismo. Observo una mujer tocando con un instrumento extraño una melodía parecida, ó tal vez la misma de la canción “Maldita Primavera” de Yuri. Abro la galleta de la fortuna que he guardado en mi bolsillo, dice: “you will go as far as you want as long as you know where you are heading to”. El conductor de la única buseta cuya ruta me lleva hacia el norte desde la 30, cruzando al oriente hasta la Séptima, se detiene a recogerme al tiempo que el exagerado cúmulo humano que transporta me abre espacio para permitirme la entrada. La puerta se cierra y quedamos como arroz chino en caja. Me bajo y camino hasta el Éxito de la 53, todos los que llegan a la banda transportadora se detienen y esperan ser arrastrados hasta el otro lado, como si la vida les hiciera pausa en ese corto recorrido.
Juan Pablo Díaz R.
Nota: este ensayo se construyó a partir de dos anteriores, "Un Día En Nueva York" y "Un Día En Bogotá".
Sígueme en Twitter http://twitter.com/JuanPDiazR
Camino un par de cuadras hacia el Port Authority. Todos corren, hacia un lado ó hacia el otro. Se acerca a mí una mujer rubia y me dice – Will you laugh at me? – No respondo nada, al tiempo que la miro fijamente al rostro. Entonces me cuenta que le hacen falta unos dólares para completar el pasaje del Greyhound. – The last time you came up with the same thing I told you to go to the Salvation Army – Le dije. Entonces, enrojecida, da media vuelta y se va. Es la tercera vez que se acerca a mí con la misma historia, espero que ésa haya sido la última. Me bajo en el Carrefour de la 30, empiezo a atravesar el puente peatonal. Me cruzo con una persona en muletas que procura la hazaña de llegar al otro lado a paso muy lento; una indígena descalza, con dos niñas indígenas también descalzas, esperando alguna limosna de quien pase por allí; un tipo con un brazo deforme, que lo enseña en alto mientras pide una “ayudita”. Llego al final del puente, hay alguien ofreciéndome fotos para mi pasado judicial; un vendedor de cada operador celular ofreciéndome el mejor chip. Sigo mi camino, me cruzo con una mujer que vende un maní dulce que ella misma produce en medio de la acera. Pasa alguien muy rápido cabalgando su “cicla” a través de la ciclo-ruta, siento que me roza el codo. Intento atravesar una calle, pero tres carros con desvergüenza se me vienen encima sin haber indicado el cruce con los direccionales; pasan y cruzo.
De tantas veces que me he visto obligado a ir a McDonald’s creo que me ha poseído un ser maligno, mefistofélico y luciferino con el perfil de un payaso. Bajo a la estación del Subway y tomo la línea 7. Un tipo joven, desarreglado, oloroso y despelucado saca una guitarra y se coloca una dulzaina en el cuello sujetada con un particular soporte de hombre orquesta; empieza a tocar con maestría y canta con voz clara y afinada. Todo un artista, perdido en las calles, seguramente arruinado por la droga. En las pausas aprovecha para soplar a través de la dulzaina sin suspender el show que a través de cuerdas llevan sus dedos. Llego a mi lugar de trabajo. Ese hollín que habita el aire bogotano con aparentes cualidades sobrenaturales ha penetrado en todo lugar. Tengo que limpiar el lugar y escurrir a ese “ser maligno”. Me siento y enciendo el computador. El tiempo se pasa muy rápido hasta el final del día. Tomo el bus de regreso. A las pocas cuadras se sube una persona que asegura ser desplazado por la violencia y que solicita ayuda. No muchos le comen el cuento. Más adelante se sube un vendedor de minutos y de candelillas de incienso; con singular simpatía y sin vender lástima logra que todos le compremos la candelilla.
Llego hasta Queens. Recojo una maleta y llevo la ropa sucia al “Coin Laundry” más cercano. $1.25 ponen a andar la máquina, y por cada ‘quarter’ insertado la secadora me entrega 10 minutos de secado; con 30 será suficiente. Con dificultad logro hacer que el chino entienda que quiero que drene la salsa de mi “sesame chicken”, pero con claridad entiendo que son $4,99. Por la carga máxima de 14 libras de ropa que dejo en la lavandería más barata de Chapinero pago $18.200. Me la entregan seca pero sin doblar, ello me habría significado $1.500 adicionales. Una arepa rellena con chorizo, carne desmechada y queso mozarella mitigará mi volcánica actividad gástrica a estas horas. El billete de $10.000 no me alcanza, guardo algún menudo adicional; tocó aplazar por hoy el jugo de guanábana.
Regreso a Manhattan. A través del túnel alguien me asegura que “Dios es mi Salvador”, si le doy dinero, si no, supongo que me tendré que salvar a mí mismo. Observo una mujer tocando con un instrumento extraño una melodía parecida, ó tal vez la misma de la canción “Maldita Primavera” de Yuri. Abro la galleta de la fortuna que he guardado en mi bolsillo, dice: “you will go as far as you want as long as you know where you are heading to”. El conductor de la única buseta cuya ruta me lleva hacia el norte desde la 30, cruzando al oriente hasta la Séptima, se detiene a recogerme al tiempo que el exagerado cúmulo humano que transporta me abre espacio para permitirme la entrada. La puerta se cierra y quedamos como arroz chino en caja. Me bajo y camino hasta el Éxito de la 53, todos los que llegan a la banda transportadora se detienen y esperan ser arrastrados hasta el otro lado, como si la vida les hiciera pausa en ese corto recorrido.
Juan Pablo Díaz R.
Nota: este ensayo se construyó a partir de dos anteriores, "Un Día En Nueva York" y "Un Día En Bogotá".
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Monday, July 5, 2010
LAS TRES PUÑALADAS DE SANTOS
Los títulos morales de Juan Manuel Santos son cuestionables desde todas las aristas, toda vez que en cada oportunidad que tuvo de saltar en su carrera política hizo lo que tuvo importándole poco vulnerar los principios que de forma implícita defendía, o de ‘llevarse en banda’ a quienes antes le hubieran servido de apoyo y respaldo.
Así lo hizo durante el gobierno de Ernesto Samper, que renuente a entregarle ministerio tuvo que ser víctima de mala prensa y de reuniones no avaladas ni por él ni por el Partido Liberal (al que ambos pertenecían) con guerrilleros y paramilitares, dentro y fuera del país. El mismo Samper ha dicho que las intenciones de Santos se inclinaban hacia la eventual ejecución de un golpe de Estado con el apoyo de criminales -a los que años después también traicionaría (o al menos se ufanaría de haber abatido o encarcelado)-. Declaración consistente hizo Salvatore Mancuso no sólo después de haber sido extraditado –momento en el que Santos dijo que no se le podía dar crédito a la palabra de un criminal-, sino cuando iba a ser juzgado por la justicia ordinaria dentro de Justicia y Paz. Ésta sería sólo la primera de tres groseras puñaladas que Santos le propinaría a su propio partido, el Liberal.
Durante el gobierno Conservador (aunque bajo la insignia de un Movimiento que se llamó “La Gran Alianza Por El Cambio”) de Andrés Pastrana Arango, desde la oposición que ejercía su partido, poco le importó volver a canjear buena prensa por un Ministerio, jugada tras la cual tuvo que saltar lejos de las aguas liberales, propinándole a su partido, de nuevo, una chocarrera puñalada. Antes de recibir la cartera de Hacienda había precedido una comisión asesora de la negociación del conflicto con los insurgentes, la que sugirió en su propia voz la creación de una zona de despeje, pero no tardaría en lavarse las manos y dejarle toda el agua sucia del fallido proceso a Pastrana (de la mano de quien tuvo quizá el mayor logro de su vida pública: la tasa de inflación más baja y las tasas de interés más bajas en años, variables que conjugadas empujaron un último año de economía en curva ascendente después de varios años de decaimiento económico).
Retornaría de manera incomprensible a las huestes liberales, que al parecer se conformaban con el respaldo provisional del “cuarto poder” representado en un Santos Calderón. Vendría entonces una tercera rastrera puñalada al Partido Liberal. Perteneciendo a la oposición y siendo contradictor de la reelección presidencial, aceptó sin asco una nueva cartera ministerial. Entonces no sólo abandonó de nuevo al alicaído Partido Liberal, sino que fue uno de los gestores de un nuevo partido que llevaría por “nombre comercial” la letra inicial del apellido de su nuevo emperador, de quién sería fiel vasallo hasta que lograra arrebatarle el trono.
Ahora, el fragmentado, perdido y sediento Partido Liberal, luego de tres gobiernos de resistencia y respiración artificial se proclama afín al proyecto santista de Unidad Nacional. Veremos cuanto tiempo transcurrirá antes de que Santos les propine a los rojos una cuarta puñalada. Pero hacen la fila todos los “partidos unidos”, desde los liberales hasta el Pin; ya veremos cómo continúa el historial de traiciones de este histrionzuelo multicolor.
JPDR (Cali, julio 5 de 2010)
Así lo hizo durante el gobierno de Ernesto Samper, que renuente a entregarle ministerio tuvo que ser víctima de mala prensa y de reuniones no avaladas ni por él ni por el Partido Liberal (al que ambos pertenecían) con guerrilleros y paramilitares, dentro y fuera del país. El mismo Samper ha dicho que las intenciones de Santos se inclinaban hacia la eventual ejecución de un golpe de Estado con el apoyo de criminales -a los que años después también traicionaría (o al menos se ufanaría de haber abatido o encarcelado)-. Declaración consistente hizo Salvatore Mancuso no sólo después de haber sido extraditado –momento en el que Santos dijo que no se le podía dar crédito a la palabra de un criminal-, sino cuando iba a ser juzgado por la justicia ordinaria dentro de Justicia y Paz. Ésta sería sólo la primera de tres groseras puñaladas que Santos le propinaría a su propio partido, el Liberal.
Durante el gobierno Conservador (aunque bajo la insignia de un Movimiento que se llamó “La Gran Alianza Por El Cambio”) de Andrés Pastrana Arango, desde la oposición que ejercía su partido, poco le importó volver a canjear buena prensa por un Ministerio, jugada tras la cual tuvo que saltar lejos de las aguas liberales, propinándole a su partido, de nuevo, una chocarrera puñalada. Antes de recibir la cartera de Hacienda había precedido una comisión asesora de la negociación del conflicto con los insurgentes, la que sugirió en su propia voz la creación de una zona de despeje, pero no tardaría en lavarse las manos y dejarle toda el agua sucia del fallido proceso a Pastrana (de la mano de quien tuvo quizá el mayor logro de su vida pública: la tasa de inflación más baja y las tasas de interés más bajas en años, variables que conjugadas empujaron un último año de economía en curva ascendente después de varios años de decaimiento económico).
Retornaría de manera incomprensible a las huestes liberales, que al parecer se conformaban con el respaldo provisional del “cuarto poder” representado en un Santos Calderón. Vendría entonces una tercera rastrera puñalada al Partido Liberal. Perteneciendo a la oposición y siendo contradictor de la reelección presidencial, aceptó sin asco una nueva cartera ministerial. Entonces no sólo abandonó de nuevo al alicaído Partido Liberal, sino que fue uno de los gestores de un nuevo partido que llevaría por “nombre comercial” la letra inicial del apellido de su nuevo emperador, de quién sería fiel vasallo hasta que lograra arrebatarle el trono.
Ahora, el fragmentado, perdido y sediento Partido Liberal, luego de tres gobiernos de resistencia y respiración artificial se proclama afín al proyecto santista de Unidad Nacional. Veremos cuanto tiempo transcurrirá antes de que Santos les propine a los rojos una cuarta puñalada. Pero hacen la fila todos los “partidos unidos”, desde los liberales hasta el Pin; ya veremos cómo continúa el historial de traiciones de este histrionzuelo multicolor.
JPDR (Cali, julio 5 de 2010)
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